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miércoles, 19 de julio de 2017

Ante la dramática situación que vive La Oroya


Foto: Info Región: Agencia de prensa ambiental.
Ya desde el 21 de julio del año pasado, la Iglesia Católica manifestó su preocupación por la situación que vive La Oroya en un comunicado. Decíamos estar preocupados por la grave disyuntiva que se plantea ante el futuro Complejo Metalúrgico de La Oroya (CMLO). Alertábamos sobre la poca preocupación por la calidad de la vida socioambiental de los habitantes de esa zona, y también sobre el trabajo remunerado, las ganancias de las empresas y los impuestos que recibe el Estado, los cuales benefician solo a algunos.

Este año reiteramos nuestra preocupación sobre todo en relación con los efectos medioambientales desfavorables que se presentan en dicho proyecto. Sabemos que la calidad del aire es esencial para la vida y salud de las personas. En ese sentido, nos preocupa la adecuación y flexibilización de las exigencias medioambientales que exige, por ejemplo, 20ug/m3 como parámetro para el dióxido de azufre en varias ciudades del país, pero que en La Oroya, Ilo y Arequipa se permite que llegue a 80ug/m3. Es decir, cuatro veces su parámetro.

Por ello, invocamos al presidente, señor Pedro Pablo Kuczynski, tener en cuenta el mandato constitucional, que, según el artículo 1° de la Constitución, exige la defensa de la persona humana y el respeto de su dignidad en tanto fin supremo de la sociedad y el Estado.

Mons. Pedro Barreto S.J.,
Arzobispo Metropolitano de Huancayo.
Exigimos, por lo tanto, el cumplimiento del marco de la legislación ambiental, pues incluso el Colegio de Ingenieros del Perú – Consejo Departamental Junín (CIP-CDJ) se ha pronunciado y ha expresado su rechazo a “los nuevos parámetros” y ha exigido el cumplimiento de los niveles del parámetro vigente, conforme con lo recomendado por la Organización Mundial de la Salud.

En el contexto del 196 aniversario del país, se realizará la tercera ronda de subastas en relación con el proyecto. Una decisión inmerecida para la región Junín y para el Perú que, con la flexibilización de los Estándares de Calidad Ambiental (ECA) para el aire y la reducción del 30%, facilitará la venta del CMLO, lo que beneficiará sobre todo a las instituciones-miembro de la Junta de Acreedores, presidida por el Ministerio de Energía y Minas. Manifestamos con mucho pesar que en dicha Junta de Acreedores participa el grupo Renco, al cual pertenecía la empresa Doe Run Perú, y cuyo dueño, el Sr. Ira Rennert, enjuició al Estado peruano por US$ 800 millones de indemnización por no haber flexibilizado, en su debido momento, los ECA para el aire.

La posible reactivación del CMLO permitirá empleo a los trabajadores, pero en un ambiente de muy alta contaminación, asimismo condenará a la población de La Oroya a vivir en un ambiente insalubre, contrario a la dignidad de la persona humana. En ese sentido, recordamos que es obligación del Estado asegurar condiciones dignas y saludables de trabajo para la población de La Oroya. Del mismo modo, nos solidarizamos con la población de Cerro de Pasco y con su obispo, Mons. Luis Alberto Barrera, en la lucha por una vida digna y saludable. Por último, ante la visita del papa Francisco el próximo año, un gesto solidario y efectivo del Estado peruano sería reconocer que la dignidad y la salud de los pobladores de La Oroya están por encima de resultados económicos.

Nota de opinión de Mons. Pedro Barreto S.J., Arzobispo Metropolitano de Huancayo, publicado en PuntoEdu de la PUCP (14 de julio, 2017).

lunes, 16 de julio de 2012

Mensaje por el Día de Solidaridad con la Persona Encarcelada 2012



Las condiciones en que viven las personas encarceladas en el Perú son contrarias a su dignidad de personas, dignidad que no debe perderse por ninguna circunstancia en la vida, pues nos pertenece por ser hijos e hijas de Dios.


Estas situaciones se dan  porque las cárceles a lo largo del tiempo se han ido convirtiendo en depósitos de seres humanos y escuelas del crimen. La cárcel como tal no rehabilita, siendo una de las razones más graves la sobrepoblación existente.

La cárcel es un lugar que excluye, porque por su realidad actual ocasiona que existan dentro de ella grupos vulnerables y excluidos: enfermos de VIH y TB, adultos mayores, mujeres con hijos, enfermos psiquiátricos, jóvenes primarios,… que necesitan una urgente atención acorde con su realidad.

Es necesario también prestar atención al personal penitenciario que muchas veces es el primero en ver sus derechos laborales vulnerados, con remuneraciones mínimas, con poca capacitación para llevar adelante un trabajo tan delicado y, por lo tanto, es muy difícil que se puedan brindar un servicio de calidad.

“Acuérdense de los presos como si ustedes estuvieran presos con ellos” (Hebreos 13, 3) es una verdadera exigencia que clama al cielo y tiene muchos testimonios en la solidaridad que viven muchos encarcelados entre ellos y ellas y estamos llamados a vivirla quienes creemos en el Dios de la Vida.

Como Iglesia, nos sentimos comprometidos en la humanización del sistema penitenciario.
Escuchar el clamor de tanta gente que sufre, transmitir que es posible tener otro tipo de relaciones humanas, donde exista la confianza, la solidaridad, la preocupación por el otro. Como Iglesia, estamos llamados a ser signos de una fraternidad que es posible y palpable.

Como sociedad en su conjunto, necesitamos seguir aportando a la eficacia del sistema penitenciario para que contribuya a la humanización de la realidad de las personas que se encuentran recluidas en los penales y que sea impulsor de sus procesos de inclusión.

Sí, la cárcel es una realidad que nos cuestiona y que no podemos dejar pasar. La cárcel debe dejar de ser un lugar de exclusión.  Hoy se siente latente las palabras del Dios de la Vida: “¿Dónde está tu hermano…?” (Gn. 4, 9).

“Acuérdense de los presos como si ustedes estuvieran presos con ellos” (Hebreos 13, 3).
Este mensaje hecho realidad es lo que hará posible una sociedad mejor y que sea posible la rehabilitación de las personas encarceladas.

Este mensaje ya lo están viviendo muchos hombres y mujeres de nuestro Perú porque creen en la vida, en el Dios de la Vida y en cada persona. ¿Quieres ser tú también testigo de vida y esperanza? Te convocamos que así sea.






Mons. Pedro Barreto Jimeno, SJ
       Arzobispo de Huancayo
Obispo Monitor de la Pastoral Penitenciaria
de la Comisión Episcopal de Acción Social