miércoles, 26 de agosto de 2020

Héctor

Romería por el Caso de Santo
P. Héctor acompañando a familiares de víctimas del caso Santa.

Ha partido un gran ser humano. Un sacerdote servidor y amigo comprometido con la causa de las comunicaciones, la justicia y la paz y los derechos humanos.

Ha partido Fr. Héctor Herrera OP. Para muchas y muchos sólo HÉCTOR.

Héctor tuvo vínculos muy cercanos con la Comisión de Justicia Social por ser obra dominica y por haber sido director de CINCOS (Centro de Intercomunicación Social) parte integrante del Instituto de Promoción y Educación Popular (IPEP) otrora de gran labor en la Iglesia y sociedad chimbotanas.

CINCOS, creado en 1971 por el P. Miguel Mulet y continuado por Bartolomé Morey, Francisco Suárez y otros, después de algunos años Héctor toma la posta y se dedicó a la producción de programas radiales, edición de materiales impresos y otros en la línea evangelizadora, liberadora y comprometida con su pueblo. Promovió la formación de corresponsales radiales campesinos y de sectores urbanos marginales para la producción de los programas como Amanecer Campesino y El Pueblo quiere saber que se difundían en emisoras locales, bocinas de mercados y altoparlantes de centros poblados y comunidades campesinas. CINCOS es una experiencia valiosa de comunicación alternativa en América Latina (“Radio educativa, popular y comunitaria en América Latina. Origen, evolución y perspectivas” [México - 1999]).

Al cierre de CINCOS  Héctor no se queda con los brazos cruzados. Convoca a un grupo de laicos y nace CECOPROS (Centro de Comunicación y Promoción Social) SANTO DOMINGO. Se amplía el quehacer de las comunicaciones y se brindan otros servicios. CECOPROS constituye la base para la creación de lo que es hoy RSD (Radio Santo Domingo).

Su pasión por las Comunicaciones lo llevaron a otros destinos y en todos, estamos seguros, desarrolló una gran labor y pero que más fue un hombre de Dios, sacerdote humilde y comprometido con la causa del reino y servicio a los pobres. Amigo como pocos, fiel a la escucha.

Desde la Cjs Chimbote testimoniamos su trabajo. Fue otro que pasó por esta tierra “haciendo el bien”. ¡Gracias Héctor! Ya te extrañamos.


Semana Social Diocesana del 2015.
Semana Social Diocesana del 2015.


martes, 2 de junio de 2020

Pronunciamiento de Pax Christi - Perú

Pronunciamiento de Pax Christi - Perú sobre las situaciones de desigualdad y vulnerabilidad en el contexto de emergencia sanitaria por el COVID-19.

jueves, 16 de abril de 2020

PRONUNCIAMIENTO ANTE LA EMERGENCIA SANITARIA POR EL COVID-19

Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático,
sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica
que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro.
(Mensaje del papa Francisco a los movimientos populares, abril de 2020)

La Comisión de Justicia Social, institución promotora y defensora de los derechos humanos en la diócesis de Chimbote (Perú), atenta a la situación que estamos viviendo a causa de la propagación del coronavirus (COVID-19) nos manifestamos a la opinión pública y expresamos lo siguiente:

  1. Apoyamos las medidas que desde el Gobierno Central  vienen gestionando e implementando en favor de mitigar la propagación del COVID-19 en nuestro país.
  2. Nos preocupa la situación estructural de precariedad que se vive en diferentes ministerios del Estado y, en particular, en el sector salud que demuestra la débil respuesta de los últimos gobiernos para hacer efectivo el derecho a la salud. Esta realidad agrava la situación de los más desprotegidos (mujeres y niñas, comerciantes ambulantes, adultos mayores, poblaciones sin acceso a servicios básicos, entre otros.). Los derechos de los trabajadores deben ser garantizados por el Estado y la empresa. El pueblo no debe ser víctima ni pagar las consecuencias de la pandemia.
  3. Demandamos actitudes de liderazgo por parte de la autoridad regional y local que ante el tiempo transcurrido y el avance del COVID 19 todavía no responden satisfactoriamente los requerimientos de los pobladores afectados y la sociedad en general.
  4. Solicitamos que especialistas locales en la materia (salud, economía, producción, etc.) se pronuncien para asesorar la labor en esta realidad que vivimos.
  5. Nos anima el actuar de la Conferencia Episcopal Peruana y otras comunidades de fe que, convocando a otros entes del Estado y la empresa responden a las necesidades primarias de nuestro prójimo necesitado. 
  6. Hacemos un llamado a la sociedad en general para cumplir con su deber ciudadano de seguir respetando las disposiciones emitidas por el Gobierno Central, y al mismo tiempo que denuncien todo acto de abuso y la vulneración a los derechos fundamentales (respeto de la vida e integridad física de la persona).

Finalmente, expresamos nuestra disponibilidad para que unidos enfrentemos al COVID-19, en democracia y respeto de los derechos humanos.


Chimbote, 16 abril de 2020

lunes, 13 de abril de 2020

El papa Francisco a los movimientos populares: salario universal para los excluidos.



A los hermanos y hermanas de los movimientos y organizaciones populares.

Queridos amigos

Con frecuencia recuerdo nuestros encuentros: dos en el Vaticano y uno en Santa Cruz de la Sierra y les confieso que esta "memoria'' me hace bien, me acerca a ·ustedes, me hace repensar en tantos diálogos durante esos encuentros y en tantas ilusiones que nacieron y crecieron allí y muchos de ellas se hicieron realidad. Ahora, en medio de esta pandemia, los vuelvo a recordar de modo especial y quiero estarles cerca.

En estos días de tanta angustia y dificultad, muchos se han referido a la pandemia que sufrimos con metáforas bélicas. Si la lucha contra el COVID es una guerra, ustedes son un verdadero ejército invisible que pelea en las más peligrosas trincheras. Un ejército sin más arma que la solidaridad, la esperanza y el sentido de la comunidad que reverdece en estos días en los que nadie se salva solo. Ustedes son para mí, como les dije en nuestros encuentros, verdaderos poetas sociales, que desde las periferias olvidadas crean soluciones dignas para los problemas más acuciantes de los excluidos.

Sé que muchas veces no se los reconoce como es debido porque para este sistema son verdaderamente invisibles. A las periferias no llegan las soluciones del mercado y escasea la presencia protectora del Estado. Tampoco ustedes tienen los recursos para realizar su función. Se los mira con desconfianza por superar la mera filantropía a través la organización comunitaria o reclamar por sus derechos en vez de quedarse resignados esperando a ver si cae alguna migaja de los que detentan el poder económico. Muchas veces mastican bronca e impotencia al ver las desigualdades que persisten incluso en momentos donde se acaban todas las excusas para sostener privilegios. Sin embargo, no se encierran en la queja: se arremangan y siguen trabajando por sus familias, por sus barrios, por el bien común. Esta actitud de Ustedes me ayuda, cuestiona y enseña mucho.

Pienso en las personas, sobre todo mujeres, que multiplican el pan en los comedores comunitarios cocinando con dos cebollas y un paquete de arroz un delicioso guiso para cientos de niños, pienso en los enfermos, pienso en los ancianos. Nunca aparecen en los grandes medios. Tampoco los campesinos y agricultores familiares que siguen labrando para producir alimentos sanos sin destruir la naturaleza, sin acapararlos ni especular con la necesidad del pueblo. Quiero que sepan que nuestro Padre Celestial los mira, los valora, los reconoce y fortalece en su opción.

Qué difícil es quedarse en casa para aquel que vive en una pequeña vivienda precaria o que directamente carece de un techo. Qué difícil es para los migrantes, las personas privadas de libertad o para aquellos que realizan un proceso de sanación por adicciones. Ustedes están ahí, poniendo el cuerpo junto a ellos, para hacer las cosas menos difíciles, menos dolorosas. Los felicito y agradezco de corazón. Espero que los gobiernos comprendan que los paradigmas tecnocráticos (sean estadocéntricos, sean mercadocéntricos) no son suficientes para abordar esta crisis ni los otros grandes problemas de la humanidad. Ahora más que nunca, son las personas, las comunidades, los pueblos quienes deben estar en el centro, unidos para curar, cuidar, compartir.

Sé que ustedes han sido excluidos de los beneficios de la globalización. No gozan de esos placeres superficiales que anestesian tantas conciencias. A pesar de ello, siempre tienen que sufrir sus perjuicios. Los males que aquejan a todos, a ustedes los golpean doblemente. Muchos de ustedes viven el día a día sin ningún tipo de garantías legales que los proteja. Los vendedores ambulantes, los recicladores, los feriantes, los pequeños agricultores, los constructores, los costureros, los que realizan distintas tareas de cuidado. Ustedes, trabajadores informales, independientes o de la economía popular, no tienen un salario estable para resistir este momento ... y las cuarentenas se les hacen insoportables. Tal vez sea tiempo de pensar en un salario universal que reconozca y dignifique las nobles e insustituibles tareas que realizan; capaz de garantizar y hacer realidad esa consigna tan humana y tan cristiana: ningún trabajador sin derechos.

También quisiera invitarlos a pensar en "el después" porque esta tormenta va a terminar y sus graves consecuencias ya se sienten. Ustedes no son unos improvisados, tiene la cultura, la metodología pero principalmente la sabiduría que se amasa con la levadura de sentir el dolor del otro como propio. Quiero que pensemos en el proyecto de desarrollo humano integral que anhelamos, centrado en el protagonismo de los Pueblos en toda su diversidad y el acceso universal a esas tres T que ustedes defienden: tierra, techo y trabajo. Espero que este momento de peligro nos saque del piloto automático, sacuda nuestras conciencias dormidas y permita una conversión humanista y ecológica que termine con la idolatría del dinero y ponga la dignidad y la vida en el centro. Nuestra civilización, tan competitiva e individualista, con sus ritmos frenéticos de producción y consumo, sus lujos excesivos y ganancias desmedidas para pocos, necesita bajar un cambio, repensarse, regenerarse. Ustedes son constructores indispensables de ese cambio impostergable; es más, ustedes poseen una voz autorizada para testimoniar que esto es posible. Ustedes saben de crisis y privaciones... que con pudor, dignidad, compromiso, esfuerzo y solidaridad logran transformar en promesa de vida para sus familias y comunidades.

Sigan con su lucha y cuídense como hermanos. Rezo por ustedes, rezo con ustedes y quiero pedirle a nuestro Padre Dios que los bendiga, los colme de su amor y los defienda en el camino dándoles esa fuerza que nos mantiene en pie y no defrauda: la esperanza. Por favor, recen por mí que también lo necesito.

Fraternalmente,
                                                                                

Ciudad del Vaticano, 12 de abril de 2020, Domingo de Pascua.

Encontrarse con Cristo Resucitado

El Papa Francisco no deja de señalar la Cruz de Cristo como fuente de la misericordia, “del amor de Dios derramado en nuestros corazones” (Rm 5,5). Busquemos en este “tiempo pascual” el encuentro con Jesús Resucitado, “rostro de la misericordia del Padre”.  

15° estación del "Vía Crucis Latinoamericano" de Adolfo Pérez Esquivel.

• ¡No reprimas tu llanto y tu tristeza!

Frente al sepulcro María de Magdala está llorando (cf. Jn 20,11-18). El que ha dado salud y sentido a su vida parece definitivamente ausente. María, sin embargo, no se deja paralizar; ella mira y observa, se acerca y retrocede, busca y pregunta. En este trance escucha dicho su nombre como solo Jesús lo puede decir. La alegría del reencuentro es inmensa y Jesús le confía la misión de anunciar que Él vive y hace vivir.

Este mismo día, “el primero de la semana”, dos discípulos dejan Jerusalén y caminan a Emaús (cf. Lc 24,13-35). Están hundidos y enfrascados en la tristeza, porque Jesús, su esperanza, parece haber fracasado en la cruz.  Jesús mismo se hace compañero de ruta, introduce en el entendimiento de las Escrituras, se hace reconocer con gozo en la Eucaristía y transforma la dimisión en misión.  

Nuestras tristezas y desilusiones también pueden ser oportunidades para un encuentro con el Resucitado que “llama a cada uno de sus ovejas por su nombre” (Jn 10,3), hace “arder el corazón” al revelar la misericordia del Padre y nos confía una misión que siempre será eclesial pero se debe teñir también con la experiencia de un encuentro único y personal con el Resucitado.


• Recuperar aliento.

Al atardecer de ese primer día de la semana, los discípulos están reunidos y las puertas de la casa trancadas. Tienen miedo de los judíos, miedo de correr la misma suerte que el maestro Jesús (cf.Jn 20,19-23).

No hagámonos los valientes. Nosotros también tenemos miedo de seguir coherentemente. Tenemos miedo de decir y hacer la verdad. Tenemos miedo de nadar contra la corriente. Tenemos miedo de iniciar y de defender un estilo de vida más humano y más solidario. Tenemos miedo de denunciar la violencia y hacer valer la misericordia.  


Jesús aparece en medio de los miedosos con un mensaje de paz. Su paso por la pasión y la muerte no ha podido alterar su compasión por la humanidad. Les señala sus heridas para convencerles que siempre nos amará con el amor del que entrega su vida por sus amigos.

La Biblia menciona el aliento de Dios al inicio de la vida. Ahora Jesús sopla sobre estos miedosos para que se levanten y asuman su misma misión. Para que en el aliento del Resucitado renazcan y enfrenten con el perdón y la misericordia lo que socava el reino de Dios.



• Sanar heridas.

Ocho días después, también era domingo, Tomás coloca sus dedos en las llagas del Señor y nos lega la hermosa confesión de fe: “Señor mío y Dios mío” (cf. Jn 20,24-29).  

En los relatos bíblicos de los encuentros con el Resucitado las llagas en el costado, las manos y los pies de Jesús anuncian que el amor que nos salva es martirial, brota de un corazón vulnerable. El amor de Dios hacia nosotros precisamente es compasivo, lo hace sufrir con nosotros. Las heridas en el cuerpo del Resucitado nos recuerdan “que no hay amor más grande que este: dar la vida por sus amigos” (Jn 15,13), pero nos envían también a colocar nuestros dedos en las heridas visibles e invisibles de los que sufren y con quienes se identifica Jesús. Las llagas de Jesús nos anuncian que por misericordia hemos sido salvados para que, como el “buen samaritano” veamos al herido, sintamos compasión y nos hagamos su prójimo.

• ¡Vayan al mundo entero!

El Resucitado cita a sus discípulos en Galilea (cf. Mt 28,16-20), su tierra donde abundan pobres y marginados. El lugar del encuentro es el monte de la permanente tentación de cerrarnos a la misericordia del Padre y de negar misericordia al prójimo. Es el monte donde Jesús proclama: “Bienaventurados los misericordiosos, porque alcanzarán misericordia”. Es el monte donde el amor del Padre llena de luz y resplandor el rostro del Hijo, el amado y predilecto. Es el monte de la entrega del Espíritu de Jesús que derrama la misericordia de Dios en nuestros corazones y nos envía como Iglesia y discípulos de Jesús a reconocer que Dios nos amó primero, a involucrarnos en la solución de los problemas que diariamente aquejan a muchos, a acompañar al que está solo y deprimido, a ser como grano de trigo que muriendo origina vida nueva, a festejar en comunidad la experiencia de la misericordia de nuestro Dios (cf. E.G.24).


¡Anhelemos el encuentro con Cristo Resucitado, fuente y rostro de la  misericordia del Padre, presente en quienes esperan misericordia!


Reflexión del P. Matías Siebenaller (2016)

domingo, 12 de abril de 2020

MARÍA DE MAGDALA: DISCÍPULA Y MISIONERA

Es un gozo personal, rehacer con ustedes, en este tiempo pascual, la meditación del encuentro de María Magdalena con el Resucitado: Jn 20, 11-18. El relato recibe su inspiración y hasta ciertas formulaciones del poema bíblico sobre el amor: El Cantar de los Cantares.

Viacrucis (15) por Cerezo Barredo.

1. Estaba María junto al sepulcro fuera llorando.

Jesús había ayudado a María a salir de una situación de oscuridad, de enredo y desesperación. Jesús se había fijado en ella y, lejos de despreciarla, le había dado aliento y fuerza para regresar a su ser. Ella no era nadie y Jesús la llamó a ser integrante del grupo de hombres y mujeres que seguían a Jesús (cf. Lc 8, 1-3). En la comunidad de Jesús María había encontrado el tesoro, la perla fina del reino.

Ahora, cerca del sepulcro de Jesús, está llorando. María busca a Jesús entre los muertos. Ya no recuerda que Jesús había anunciado su resurrección y que la tristeza por su ausencia se va a convertir en alegría. Evidentemente el llanto de María tiene una connotación muy personal, pero en sus lágrimas podemos encontrar la desesperación de mucha gente en el mundo que se ve confrontada con la pérdida de sentido y recursos para vivir. Tu llanto, mi llanto están en el llanto de María. Miremos de cerca los relatos de la resurrección de Jesús: el desconcierto por la ausencia del Señor es parte de la fe en su presencia.

Admirable ver como la tristeza de María no tiene nada de parálisis. Inquieta se mueve, mira en todas las direcciones, ve señales, escucha voces, hace preguntas. Todavía no reconoce al Señor, pero intuye y siente que él la envuelve. “No lo buscaría, sino lo hubiera encontrado ya.”


2. Jesús le dice: “María” y ella le dice: “Rabbuní”

Nadie puede decir el nombre de María, como lo dice Jesús. Solo él es el Buen Pastor que conoce a cada una de sus ovejas, que ama a cada una en su originalidad y es capaz de dejar a cien ovejas en el desierto para buscar la perdida. Cuando la encuentra, se alegra; la carga sobre sus hombros, la lleva a casa y convoca para una fiesta.

Para María, reconocer a Jesús también significa, reconocer su propia vocación, la de ser discípula de este maestro.  María no quiere, sino revelar, como Jesús, el “rostro humano de Dios y el rostro divino de cada ser humano”. María quiere ser miembro de la Iglesia de Jesús en este mundo, anunciar su Palabra, celebrar su presencia y hacer sus mismas obras.  

Mural de Cerezo Barredo en Brasil.

3. Le dice Jesús: “Suéltame…y anda a decir a mis hermanos…”

La fe de María siempre tendrá que madurar y purificarse. El Resucitado no es Jesús Nazareno ubicable en el tiempo y en el espacio. Creer en su presencia, conlleva sufrir por su ausencia. Siempre será difícil creer y no haber visto, creer en la presencia de Cristo y no poder tocarlo con las manos, creer en su cercanía amorosa y no poder retenerlo con su abrazo. María y los discípulos de todos los tiempos tienen que aprender lo que pide una lindísima oración de Benjamín Glz Buelta: “Señor, necesito tu presencia, un tú inagotable y encarnado que llena toda mi existencia, y tu ausencia, que purifica mis encuentros de toda fibra posesiva. Necesito el día claro en el que brillan los colores y se definen los linderos del camino, y la noche oscura en la que se afinan mis sentimientos y sentidos”.

Jesús envía a María de Magdala a dar testimonio de su resurrección. Ella inicia la larga cadena de quienes, en tiempos y lugares diversos, con su vida y su palabra, anuncian “lo que sus ojos han visto, los que sus oídos han escuchado y lo que sus manos han palpado” (cf. 1Jn 1, 1-4): el encuentro con Cristo Resucitado. 

No nos cansemos de recordar con Aparecida: “Conocer a Jesucristo por la fe es nuestro gozo; seguirlo es una gracia, y trasmitir este tesoro a los demás es un encargo que el Señor, al llamarnos y elegirnos, nos ha confiado. Con los ojos iluminados por la luz de Jesucristo Resucitado, podemos y queremos contemplar al mundo, a la historia, a nuestros pueblos de América Latina y del El Caribe, y a cada una de sus personas” (DA 18).


Reflexión del P. Matías Siebenaller (2012)

sábado, 11 de abril de 2020

“Vayan a Galilea…”

Para meditar esta consigna insistente del Resucitado a sus discípulos, tengamos en mente y corazón el epílogo del Evangelio de Mateo (Mt 28,16-20). Más que clausurar decorosamente un libro, estos versículos recogen y enfatizan aspectos fundamentales del mismo. Encontramos aquí pautas importantes para ser “Iglesia en salida, comunidad evangelizada”.

Mural de Maximino Cerezo Barredo.

1. “Los once discípulos marcharon a Galilea.

v Tenían que salir del ambiente donde se encontraban con las puertas cerradas y con miedo. Había que vincular la noticia de  la resurrección de Jesús con las convivencias que compartían con él en Galilea. Era en Galilea donde “veían a Jesús con sus ojos, donde lo oyeron con sus oídos y donde sus manos podían palpar su cuerpo” (cf 1 Jn 1,1-4). Había que regresar a esta experiencia fundante de su comunión con Jesús. Había que recuperar esta patria chica de los “primeros amores” a Jesús. Había que recordar a la luz de la resurrección lo vivido por Jesús en Galilea, sus palabras y sus obras en Galilea. “Vayan a Galilea, ahí me verán” (Mt 28,10).

v Galilea, vista desde Jerusalén, es poca cosa: tierra marginal, sospechosa de rebeliones, heterogénea, marcada por influencias paganas, un pueblo en tinieblas, sin conocimiento de la ley. “De Galilea no puede salir nada bueno, ningún profeta”, así se decía. Ahora bien, Jesús resucitado invita a los discípulos a fijarse en las heridas en sus manos, pies y costado. Jesús resucitado mantiene la opción preferencial por los pobres practicada durante su inserción en Galilea.

Al enviar a sus discípulos a Galilea, el resucitado les envía a los lugares y a las realidades donde padecen y esperan los pobres de este mundo. Los muchos damnificados por el Niño Costero en Ancash y otros lugares del Perú están en Galilea. Están en Galilea los muchos amenazados en el mundo por la guerra y la violencia, los muchos buscando espacio y condiciones para vivir con algo de dignidad. Ustedes conocen perfectamente los lugares y las situaciones de Galilea en Chimbote, en su vecindad y quizás en su propia casa. También está Galilea dentro de cada uno de nosotros. “Vayan a Galilea…”


2. al monte donde Jesús los había citado.

No se trata de una indicación geográfica. En el Evangelio de Mateo “el monte” tiene singular significación y es manifestación de la autoridad de Jesús. 

v Aparece al inicio del evangelio el monte de las tentaciones (Mt 4,1-11). Jesús tentado comparte plenamente la condición humana, pero obedece al Espíritu que lo conduce al desierto.

v Ciertamente los discípulos de todos los tiempos siempre tienen que regresar al monte de las bienaventuranzas para interiorizar el estilo de vida de Jesús y de sus seguidores (Mt 5,1-12).

v Nunca deben olvidar los discípulos la experiencia en aquel monte, donde Jesús, conmovido por la compasión, atiende a mucha gente enferma y les da de comer (Mt 15,29-39).

v Era también en el monte que algunos discípulos podían ser testigos de la transfiguración de Jesús por el amor de Padre que lo presenta como hijo predilecto a quien hay que escuchar (Mt 17,1-8).

v Desde el monte Jesús pronuncia su discurso escatológico para invitarnos, en lo ordinario y desconcertante de la vida, a la fidelidad y la vigilancia (Mt 24,3-44).

v También ahora en Galilea y en todas partes está el monte de la resurrección de Jesús donde son citados sus discípulos para ser enviados al mundo entero (Mt 28,16-20).

Mural en colegio de España por Cerezo Barredo.

3. Al verlo lo adoraron; algunos sin embargo dudaron.

v Adorando a Jesús resucitado los discípulos reconocen su identidad con Dios Padre. Ahora se realiza plenamente su nombre anunciado al inicio del evangelio de Mateo: Emmanuel, Dios con nosotros.

v No importa tanto esa duda. La comunidad de Jesús siempre incluirá miembros débiles, miedosos, interesados e incoherentes. Recordemos aquí una reflexión sabrosa del Papa Francisco en una entrevista el 13 de  marzo de este año: “La crisis es para crecer en la fe. No se puede crecer sin crisis. La crisis es parte de la vida y una fe que no entra en crisis para crecer, generalmente permanece infantil”.


4. Jesús se acercó y les habló así: “Me ha sido dado todo poder en el cielo y en la tierra”

v El Resucitado no se aleja de nosotros y de nuestro mundo. Se acerca. Ahora su encarnación se hace plena. Jesús nace plenamente en la cruz. Su espíritu se entrega y se ofrece a todos. “No nos deja huérfanos… vuelve donde nosotros… nuestra tristeza se volverá alegría… podemos hacer sus obras y aún mayores…” (cf Jn 14 y 16).

v Jesús, reivindica autoridad suprema. En sus palabras resuena Daniel 7, 14 donde Dios entrega al Hijo del hombre el reino eterno. Resuena también el himno pascual: “Por eso Dios lo exaltó y le otorgó el Nombre que está sobre todo nombre. Para que al nombre de Jesús toda rodilla se doble en los cielos, en la tierra y en los abismos, y toda lengua confiese que Cristo Jesús es el Señor para gloria de Dios Padre” (Fil 2,9-11).


5. Vayan al mundo entero,

v hagan discípulos a todos los pueblos,
Dejemos al Papa Francisco recordarnos el duro trabajo de la evangelización: “La Iglesia en salida es la comunidad de discípulos misioneros que primerean, que se involucran, que acompañan, que fructifican y festejan” (EG 24). Toda la “Evangelii Gaudium” es recetario para hacer discípulos.

v bautícenles en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo
¡Qué desastre pastoral cuando el bautismo es reducido a un rito y su recuerdo es una foto!
El bautismo es inserción en la dinámica y la comunión de la Santísima Trinidad y se verifica en comunión y participación eclesial al servicio de la fraternidad en el mundo.

v y enséñenles a guardar todo lo que yo les he mandado.
Sí, enseñar a guardar, a cumplir, a practicar.
“Una pastoral en clave misionera no se obsesiona por la transmisión desarticulada de una multitud de doctrinas que se intenta imponer a fuerza de insistencia. Cuando se asume un objetivo pastoral y un estilo misionero, que realmente llegue a todo sin excepciones ni exclusiones, el anuncio se concentra en lo esencial, que es lo más bello, lo más grande, lo más atractivo y al mismo tiempo lo más necesario. La propuesta se simplifica, sin perder por ello profundidad y verdad, y así se vuelve más contundente y radiante” (EG 35).


Y sepan, que yo estaré con ustedes todos los días hasta el fin del mundo”.  
¡Manos al pecho! ¿Es esta promesa entrañable del Señor el fundamento de nuestra fe, la razón de nuestra esperanza y el fuego de nuestra caridad?


Reflexión del P. Matías Siebenaller (2017)