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miércoles, 26 de agosto de 2020

Héctor

Romería por el Caso de Santo
P. Héctor acompañando a familiares de víctimas del caso Santa.

Ha partido un gran ser humano. Un sacerdote servidor y amigo comprometido con la causa de las comunicaciones, la justicia y la paz y los derechos humanos.

Ha partido Fr. Héctor Herrera OP. Para muchas y muchos sólo HÉCTOR.

Héctor tuvo vínculos muy cercanos con la Comisión de Justicia Social por ser obra dominica y por haber sido director de CINCOS (Centro de Intercomunicación Social) parte integrante del Instituto de Promoción y Educación Popular (IPEP) otrora de gran labor en la Iglesia y sociedad chimbotanas.

CINCOS, creado en 1971 por el P. Miguel Mulet y continuado por Bartolomé Morey, Francisco Suárez y otros, después de algunos años Héctor toma la posta y se dedicó a la producción de programas radiales, edición de materiales impresos y otros en la línea evangelizadora, liberadora y comprometida con su pueblo. Promovió la formación de corresponsales radiales campesinos y de sectores urbanos marginales para la producción de los programas como Amanecer Campesino y El Pueblo quiere saber que se difundían en emisoras locales, bocinas de mercados y altoparlantes de centros poblados y comunidades campesinas. CINCOS es una experiencia valiosa de comunicación alternativa en América Latina (“Radio educativa, popular y comunitaria en América Latina. Origen, evolución y perspectivas” [México - 1999]).

Al cierre de CINCOS  Héctor no se queda con los brazos cruzados. Convoca a un grupo de laicos y nace CECOPROS (Centro de Comunicación y Promoción Social) SANTO DOMINGO. Se amplía el quehacer de las comunicaciones y se brindan otros servicios. CECOPROS constituye la base para la creación de lo que es hoy RSD (Radio Santo Domingo).

Su pasión por las Comunicaciones lo llevaron a otros destinos y en todos, estamos seguros, desarrolló una gran labor y pero que más fue un hombre de Dios, sacerdote humilde y comprometido con la causa del reino y servicio a los pobres. Amigo como pocos, fiel a la escucha.

Desde la Cjs Chimbote testimoniamos su trabajo. Fue otro que pasó por esta tierra “haciendo el bien”. ¡Gracias Héctor! Ya te extrañamos.


Semana Social Diocesana del 2015.
Semana Social Diocesana del 2015.


lunes, 7 de diciembre de 2015

Reflexión del Segundo Domingo de Adviento

DOMINGO II DE ADVIENTO C. DOMINGO 06.12.2015. LC. 3,1-6
VERÁN LA SALVACIÓN DE DIOS
Fray Héctor Herrera OP.
(Fotografía de Ibón Machada - Diario Correo)

El Adviento es tiempo de conversión, preparar los caminos y enderezar las sendas para recibir la llegada del Señor. El evangelio de Lc. 3,1-6 centra su atención en este llamado de Juan, quien igual que los profetas nos invita a un cambio de vida.

Juan Bautista hace suyo el mensaje de los profetas, como Isaías que anuncia una era de paz, preparar los caminos del Señor (cf. Is. 40,3-5). Porque el Dios en quien creemos no abandona a su pueblo ¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Aunque ella se olvide, yo no te olvidaré” (Is 49,15). 

Juan es obediente y dispuesto a cumplir la Palabra de Dios, nos hace un llamado a un cambio radical en nuestra vida personal y social. Dios nos ofrece la salvación a todos: “todo mortal verá la salvación de Dios” (v. 6). La respuesta de todo ser humano es escuchar la voz de Dios. No hay paz sin justicia, ni justicia sin reconciliación con Dios y con el hermano. La salvación está cerca. Aquel que nos invita a revestirnos del “manto de justicia”(Bar 5,2) nos urge por medio del profeta Juan a convertirnos porque el Mesías está próximo, para ser partícipes de su salvación es urgente cambiar en nuestro interior, valorarnos como personas con dignidad y trabajar para que la justicia de Dios nos motive a crear condiciones de seguridad y respeto por la vida humana, que los mantos de luto por tanta muerte y dolor queden atrás, para dar paso a un cambio de corazón más sensible al amor, a la fraternidad, a la búsqueda del bien común. Dios se acerca al humano para hacerlo divino. Por eso “Dios te dará un nombre para siempre Paz en la Justicia, Gloria en la Piedad” (Bar 5,4)

Todos estamos llamados a una profunda conversión que significa dejarse tocar por la Palabra de Dios, que es fuerza viva y eficaz, que nos llama a proclamarla y a realizar la misión de anunciarla a otros, en el corazón de nuestra familia. Es allí donde valoramos, oramos y bendecimos a Dios para que haya más unión familiar, más respeto por la dignidad de la mujer y del varón, fidelidad y confianza para que realicemos plenamente la salvación de Dios, cuando escuchamos su Palabra como alimento que nos congrega en la mesa del compartir la vida de Aquél que se hace uno con nosotros.

El mundo que nos rodea necesita mujeres y varones valientes como Juan que se enfrentan a los poderes de la muerte, corrupción, poder, dinero, vanagloria, insensibilidad e indiferencia para prepararnos para recibir a Jesús que viene y que llega para cambiarnos como personas nuevas. El bautismo de Juan es un bautismo de conversión, de cambio de vida, pero detrás viene el Mesías, que nos bautizará en el agua, el fuego y el Espíritu Santo. Todos estamos llamados a la conversión para ver la gloria y la salvación de Dios en este mundo. El mundo nuevo dependerá de cada uno de nosotros, para reconocer en cada acción la bondad de un Dios cercano y solidario con toda la humanidad. (Fr. Héctor Herrera, o.p.)

También puedes escuchar la reflexión aquí:

viernes, 4 de julio de 2014

Los sencillos son tus preferidos

Compartimos uno de los mensajes del Fray Héctor Herra O.P. publicado en "Al encuentro de la vida" (microprograma vía Radio Santo Domingo)


DOMINGO 14 T.O. CICLO A. D.06.07.2014. MT. 11,25-30

La Iglesia, este pueblo de Dios está en una búsqueda constante de una vuelta a los orígenes del evangelio de la alegría. Así nos lo da a entender claramente el obispo de Roma, Francisco: “cuánto querría una Iglesia pobre y para los pobres…”. Sus gestos nos permiten ver como los preferidos de Jesús, vuelven a ser el centro de la misión de la Iglesia, como la alegría que experimenta Jesús, como nos recuerda el evangelio de hoy de Mt. 11,25-30, Jesús pronuncia con alegría esta hermosa oración: “Te alabo Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque ocultando estas cosas a los sabios y entendidos, se las diste a conocer a la gente sencilla. Sí, Padre, ésa ha sido tu elección”(vv. 25-26).

Jesús nos enseña que sólo el Hijo es capaz de mostrarnos el verdadero rostro de un Dios amoroso y misericordioso que se manifiesta a los sencillos y se cierra a los sabios y orgullosos. Aún más los que se sienten cansados y agobiados encontrarán en Él alivio (v.28).

¿Quiénes son los pequeños? Son los excluidos de nuestra sociedad: niñas, os de la calle, gente maltratada, sin trabajo, los que sufren la contaminación de los ríos, los que viven en situaciones de extrema pobreza víctimas de la violencia, los migrantes, los enfermos, los indígenas, a quienes se les imponen cargas pesadas, a los que se abusa quitándoles su hábitat. A ellos se dirigió Jesús y urge a su Iglesia, a hacer de ellos sus preferidos: a saber escucharlos, acompañarlos y trabajar por su dignidad como personas. Jesús se dirige a los poderosos de su tiempo, quienes creían tener en sus manos el poder de Dios y habían hecho de la Ley una carga insoportable con sus 643 preceptos y con un rigor de interpretación sobre purificaciones, ofrendas, sacrificios y descanso del sábado, que se convertía en un yugo deshumanizador. Por eso Jesús nos dice: Vengan a mí.” Carguen con mi yugo y aprendan de mí, que soy tolerante y humilde de corazón, y encontrarán descanso para su vida. Porque mi yugo es suave y mi carga ligera” (vv.29-30). El yugo de Jesús es el amor, la libertad y la ternura. Frente a las pesadas leyes que los fariseos imponían obligaciones que ni ellos eran capaces de cumplir” (Mt, 23,2-4), Jesús nos propone el amor que defiende la vida.

Sólo el amor libera, dignifica y nos hace crecer y madurar en la vida, porque no es la ley del dominio y de la opresión sobre el otro, sino es reconocer que el amor de Dios nos mueve a amarnos y amar al otro. Cuando uno comprende que su misión como creyente, en medio de los pobres, se basa en el amor a Dios, nos permite descubrir la cercanía y solidaridad con los más indefensos. Porque el Dios en quien creemos se nos ha dado a conocer en la humildad de Jesús como señala Zacarias 9,9-10. Si el mundo de hoy comprendiera que la carrera armamentista se gasta tanto dinero que sólo lleva a la destrucción y a la guerra, se invirtiera en agricultura, alimentación, educación, salud, trabajo, tendríamos un mundo con rostro más humano y solidario.

Vivamos según el Espíritu de Jesús. Porque Cristo nos ha dado una nueva vida, porque el Espíritu de Dios habita en ustedes”(Rom 8,9). El amor de Dios será la luz y la fuerza para creer que Dios tiene un proyecto de amor con nosotros, en medio de los sencillos.(Fr. Héctor Herrera, O.P.)

Escuchar el microprograma aquí